La gran estafa del vino

La gran estafa del vino

Hay algo en las historias de estafas o “robos de guante blanco” que nos conquistan y hacen que en ocasiones admiremos la ejecuciòn, a pesar que obviamente el perpetuador deba ser castigado por la justicia (si es atrapado). Por ello las pelìculas y series de estafas son tan exitosas. Ocean’s eleven (y sus secuelas), La Casa de Papel (que en los primeros capìtulos es entretenida para pasar a ser inmirable hacia finales de la primera temporada), Lupin (serie francesa muy reciente), White Collar, etc, etc.

La historia de hoy es justamente de una estafa que sacudiò el mundo del vino hace casi una dècada y sigue presente en el relato popular y en màs de una colecciòn de vinos. Se trata de Rudy Kurniawan, un misterioso indonesio que apareciò repentinamente en la òrbita del vino en California en el año 2000. Su primera apariciòn fue en una licorerìa de Los Àngeles donde vendiò una botella de vino francès. Comenzò a estudiar y a meterse en el ambiente de la degustaciòn de grandes vinos, particularmente de los Grands Crus de Bordeaux y Bourgogne. De inmediato llamò la atenciòn por su capacidad tècnica para la degustaciòn y para recordar al detalle los aromas y sabores de cada vino que probaba.

En el 2001 se especializa en el vino de la Bourgogne, viendo còmo la demanda por estos vinos comenzaba a crecer ràpidamente en California. Logra que lo inviten a un grupo de degustaciòn exclusivo de vinos de Bourgogne, compuesto por algunos de los mejores catadores de Los Àngeles donde se probaban vinos de ensueño.

A fines de ese año tenìa una colecciòn de vinos en su casa valuada en medio millòn de dòlares. Vivìa con su madre a quien engañaba, ya que ella creìa que los vinos de la colecciòn de su hijo eran de 20 dòlares como màximo, cuando en realidad el precio mìnimo de sus vinos era de màs 400 dòlares.

Considerando que se trataba de una persona de 25 años sin trabajo, la pregunta sobre el origen del dinero se hizo obvia. Su versiòn era que su familia distribuìa alcohol en el sudeste asiàtico y le enviaba 1 millòn de dòlares mensuales para gastar. Gran parte de este dinero lo comenzò a invertir en subastas de vino, donde compraba botellas casi que mìticas. Es en este ambiente donde se hace ràpidamente conocido por su tàctica agresiva en las subastas, no bajando nunca su paleta, ofertando todo el tiempo y por ende, ganando todo el tiempo.

Con 26 años, todo el ambiente hablaba de èl y de su colecciòn de vinos, segùn algunos, la mejor de California. Es en ese momento que se da cuenta que esta nueva pasiòn puede ser un negocio y poco tiempo despuès se convertirìa en el mayor revendedor de la historia de Estados Unidos, al mudarse parcialmente a Nueva York, donde la compra venta de vinos estaba en plena explosiòn. Su cava en California seguìa existiendo y comenzarìa a ver los primeros pasos de la mayor estafa de la historia del mundo del vino

Logra ser integrado en un grupo de degustaciòn mega exclusivo en Nueva York compuesto por doce personas que se juntaban a tomar los mejores y màs caros vinos del mundo. Poco tiempo despuès se transforma a sì mismo para encajar aùn mejor en este grupo (cambia el auto, la ropa, el reloj) y termina siendo el lìder de esta cofradìa de millonarios.

En este momento comienza a pedir que las botellas que consume, sean reenviadas a su domicilio. Este pequeño acto casi maniàtico, comienza a despertar algunas sospechas, pero nadie se cuestionò demasiado què pasaba.

Lo que sucedìa en la cocina de su casa en California (literalmente) es que cuando estas botellas llegaban, las volvìa a llenar combinando vinos, muchas veces californianos, hasta llegar al perfil gustativo que recordaba. Para muchos, Rudy Kurniawan tiene uno de los mejores paladares que haya visto el mundo del vino y tambièn una memoria prodigiosa que le permitìa replicar el gusto y color de los grandes vinos de grandes añadas. Creaba sus propias recetas, por ejemplo, para replicar un vino de La Romanèe Conti, utilizaba diferentes Pinot Noir de Napa Valley. Si alguno piensa que el engaño serìa notorio, la realidad y la cantidad de millones de dòlares que amasò con estas pràcticas dejan claro que no era tan evidente el engaño. Aunque parezca mentira, la foto que està debajo es de su laboratorio, el cual engañarìa a muchos expertos.

Su personalidad detallista no dejarìa al azar el tema etiquetas. Trataba el papel de tal manera para que parecieran etiquetas viejas cuando debìan parecerlo. Hacìa pedidos especìficos a imprentas alrededor del mundo para dar con el papel adecuado. Para el corcho utilizaba siempre el original, usando un sacacorchos de làmina para mantenerlo sano y poderlo reutilizar. La foto, al igual que la de la cocina, es del archivo del FBI

El grupo de degustaciòn de Nueva York era su campo de pruebas, campo que superò con tanto èxito que decide hacer de este engaño un negocio mundial y millonario.

A mediados de 2006 decide vender parte de su colecciòn en dos subastas en Manhattan. Coleccionistas y periodistas estaban presentes para poder hacerse con algunas de las mìticas botellas que este gran coleccionista tenìa en su haber, botellas de las que nadie habìa oìdo en años, botellas que se creìan extintas. Romanèe Conti 45, 47, Petrus 1920. Màs de 12 mil botellas de su “cava màgica” se pusieron a la venta. Muy bueno para ser verdad quizàs.

Pero su avaricia pudo màs y hablando mal y pronto, se cebò. Los especialistas vieron con sospecha el Romanèe Conti 1945, del cual se produjeron sòlo 600 botellas. Muchas de ellas se vendieron en los años siguientes y segùn los expertos, sòlo una decena deberìa haber llegado hasta la fecha. Aubert de Villain, gerente de la bodega declarò que jamàs en su vida habìa visto una botella de Romanèe Conti 1945. Rudy Kurniawan tenìa 10 botellas.

A pesar de estas sospechas, Rudy Kurniawan y la casa de subastas ganan màs de 35 millones de dòlares. Unos meses màs tarde, algunas de esas botellas comenzaron a ser degustadas por gente que sabìa màs que los 12 de Nueva York, y allì empezaron los problemas. Estaban lejos de lo que se esperaba.

Rudy Kurniawan no descansaba y en 2008 organiza una nueva subasta que serìa el comienzo de su declive. Una vez màs cegado en su avaricia y cebado hasta el hueso, pone a la venta añadas de vinos Clos de La Roche Ponsot 45, 47, 49 y 59, cuando Ponsot comenzò a hacer ese vino en particular en 1982. Cuando Laurent Ponsot se entera de esto, viaja a Nueva York justo para la subasta, donde encuentra que a la venta hay 100 botellas de su bodega, de las cuales, sòlo una es verdadera.

Tomando el papel de detective, Ponsot viaja a California y descubre que Rudy Kurniawan hace grandes pedidos de etiquetas a imprentas, con importantes especificaciones sobre el tipo de papel. Los dos años posteriores Ponsot se dedica a buscar cualquier pista que le permita realizar una denuncia hacia Kurniawan. De todas formas en este perìodo el daño estaba hecho y Rudy Kurniawan no pudo vender màs botellas usando su identidad. Ni lento ni perezoso, toma otras identidades para realizar las ventas, pero para esa altura ya estaba en la mira del FBI.

El FBI se comunica con Ponsot quien habìa acumulado evidencias durante dos años y con otros productores de la Bourgogne, descubriendo errores cada vez màs comunes, como la venta de botellas de añadas anteriores a que se comenzara a producir, o escribiendo leyendas en las etiquetas que aùn no se habìan puesto.

El 8 marzo de 2012 el FBI lo arresta en su casa. Allì se descubre el gran despliegue de la farsa. Miles de cajas de vinos, la cocina transformada en un laboratorio, centenas de corchos, 19000 etiquetas de 27 grandes vinos, sellos falsos, etc.

En diciembre de 2013 Rudy Kurniawan va a juicio y segùn los asistentes, no parecìa entender lo que estaba sucediendo. Durante este perìodo las pruebas en su contra se acumularon. Incluso un especialista en etiquetas verificò una por una las botellas que habìa en la casa de Kurniawan para descubrir que la inmensa mayorìa eran falsas.

Al parecer era tal su ceguera hacia la realidad que creìa que saldrìa impune de allì. La defensa tuvo un trabajo muy complicado para desarrollar argumentos vàlidos. En un momento dijeron que las 19000 etiquetas eran para empapelar la casa como decoraciòn y segùn dicen, hasta el propio jurado se echò a reìr. La imagen que ilustra el artìculo es del juicio. Vale recordar que en los juicios en Estados Unidos no se permite sacar fotos, pero sì hacer dibujos, por eso es comùn encontrar estas imàgenes de los juzgados.

Fue condenado a 40 años de prisiòn, pero en noviembre del año pasado saliò libre. Al estar en Estados Unidos de forma ilegal, estuvo algunos meses esperando a ser deportado. Para aumentar el misterio detràs de su imagen, nadie parece saber realmente dònde està en este momento. Hace poco leì que habìa abierto una tienda de vinos en China, pero no encontrè confirmaciòn sobre ello.

Aùn quedan dudas acerca de esta estafa. No hay ninguna pista que indique que haya tenido còmplices, pero para todos los especialistas es muy difìcil, casi imposible, que èl solo haya podido hacer funcionar toda la maquinaria detràs de la estafa.

Màs increìble aùn, todavìa quedan en algunas colecciones botellas que fueron vendidas por Rudy Kurniawan. Muchos coleccionistas se han negado a que un especialista revise dichas botellas, simplemente por miedo a confirmar lo obvio. No debe ser lindo enterarse que esa botella de Bourgogne de la dècada del 50 que costò lo que un auto, sea una mezcla de vinos de Napa que entre cuestan lo que una bicicleta.

El mejor documento que hay al respecto es la pelìcula Sour Grapes (Uvas amargas) que supo estar en Netflix. Al parecer ahora està sòlo en Amazon y se puede alquilar por un dòlar. Recomiendo realmente mirarla. Si no tienen otras opciones en Youtube que les dejo a continuaciòn. En inglès o francès.