Juicio de Parìs

Juicio de Parìs

Uno de los eventos màs importantes de la historia del vino es al mismo tiempo uno de los menos documentados, ya que en su momento nadie, ni siquiera los organizadores, tenìan idea de los resultados y la influencia que tendrìa. Se trata del “Juicio de Paris”.

La poca documentaciòn se debe a que tan sòlo un periodista asistiò a la cita, se tratò del estadounidense George M. Taber, quien ademàs publicò el vino “Judgement of Paris”, de lectura obligatoria para aquellos que estèn interesados en saber sobre este evento (la foto que encabeza este artìculo es un recorte de la caràtula). El libro profundiza no sòlo en el Juicio de Parìs en sì mismo, sino tambièn en la historia del vino francès y californiano, los creadores de los vinos participantes, etc. Hay un par de pelìculas al respecto, pero son absolutamente prescindibles.

El 24 de mayo de 1976 se realizò en el InterContinental Hotel de Parìs la primera degustaciòn comparativa entre vinos franceses y californianos, organizada por un inglès llamado Steven Spurrier, un amante del vino que se habìa mudado a Parìs poco antes de 1970 y un dìa, mientras caminaba con un amigo por las calles de la ciudad luz, descubriò “Caves de la Madelaine”, una vinerìa ubicada muy cerca de la iglesia del mismo nombre. Quedò inmediatamente enamorado del lugar y su amigo entrò para decirle a la dueña, en un francès tosco como el mìo (pero con acento inglès) que Spurrier querìa comprar su tienda.

La dueña en principio rechazò la oferta ya que la vinerìa era el legado de su difunto marido, pero Spurrier, decidido a demostrar què tanto le importaba el negocio, decidiò proponerle de trabajar ad honorem durante seis meses y luego retomar la conversaciòn. Como ya pueden imaginar, luego de esos seis meses, el negocio pasò a estar en manos de Spurrier quien comenzò allì a desarrollar variados eventos y degustaciones, fundando la Academie du Vin, una escuela especializada en dar cursos de vinos a los habitantes angloparlantes de la zona y del resto de Parìs.

Yendo a las circunstancias que dieron origen al Juicio de Parìs, Spurrier habìa degustado algunos vinos californianos traìdos por habituès a su negocio. Quedò gratamente sorprendido y como sucede muchas veces con las grandes ideas, naciò como un comentario al pasar… “y si hacemos una degustaciòn de vinos franceses y californianos”… Su intenciòn era simplemente dar a conocer lo que estaba sucediendo del otro lado del mundo, nunca imaginò que como resultado recibirìa demandas, amenazas y por poco, el exilio.

De hecho, nadie podrìa haberlo imaginado. La historia de los vinos franceses era eterna en comparaciòn con la juventud de las bodegas californianas en cuestiòn, que unas dècadas antes de la degustaciòn se dedicaban a vender uvas a granel debido a la prohibiciòn y muchas de ellas estaban en un estado de descuido que requerìa mucha inversiòn de dinero y energìa para llegar a lograr un producto digno de representar al paìs frente a los “mejores vinos del mundo”.

Varios viajes a California tanto de èl como de colaboradores, lo llevò a elegir seis vinos tintos y seis blancos, Cabernet Sauvignon y Chardonnay, para compararlos con vinos de Bordeaux y de Bourgogne. Con respecto a los tintos se inclinò por hacer participar de la degustaciòn a el Stag’s Leap Wine Cellars 1973, Clos du Val Winery 1972, Freemark Abbey Winery 1969, Heitz Cellars Martha’s Vineyard 1970, Macayamas Vineyard 1971 y Ridge Vineyards Monte Bello 1971.

Los Chardonnay participantes fueron el Chalone Vineyard 1974, David Bruce Winery 1973, Freemark Abbey Winery 1972 (ùnica bodega con dos muestras en la degustaciòn), Spring Mountain Vineyard 1973, Veedercrest Vineyards 1972, Château Montelana 1973.

Los vinos franceses fueron ocho en total, cuatro tintos de Bordeaux y cuatro blancos de Bourgogne, siendo respectivamente Château Haut Brion* 1970, Château Lèoville Las Cases 1971, Château Montrose 1970 y Château Mouton Rothschild* 1970 (*Premiers Grand Crus Classès en la clasificaciòn de 1855, los otros dos vinos son Seconds Crus). De Bourgogne eligiò el Bâtard Montrachet Ramonet Prudhon 1973, Beaune Clos des Mouches Joseph Drouhin 1973, Mersault Charmes Roulot 1973, Puligny Montrachet Les Poucelles Domaine Leflaive 1972.

Lo que sucediò esa tarde de mayo de 1976 es conocido. Los jurados eran reconocidos Sommeliers y escritores sobre vinos del momento, todos ellos franceses y seguros que la victoria serìa para los vinos galos. La degustaciòn comenzò por supuesto por los vinos blancos y luego de la misma se hizo un parate para descansar y dar a conocer los resultados. La sala quedò muda al enterarse que el Château Montelana 1973 fue el mejor blanco de la serie. De los nueve jueces, seis lo colocaron primero y los otros tres eligieron otro vino californiano, el Chalone Vineyard 74 que a la postre terminarìa tercero en la general.

Al momento de servir los vinos tintos, los jueces estaban absolutamente escèpticos y prestaron mucha màs atenciòn. El ambiente fue màs tenso durante la degustaciòn y algunos jueces comentaron a viva voz que, si el vino que estaban tomando no era de tal o cual origen, no sabìan que estaban haciendo allì. Al momento de establecer el ranking de los vinos, fue California quien quedò a la cabeza, aunque con menos claridad que en el caso de los blancos. El Stag’s Leap Wine Cellars 1973 fue el vino que consiguiò màs puntos, a pesar que sòlo uno de los nueve jueces lo pondero como favorito.

Una de las juezas, editora de la revista Revue du Vin (quizàs por ello consciente de la repercusiòn que tendrìa lo sucedido) demandò que le devolvieran las hojas de degustaciòn, lo cual fue obviamente rechazado. El resto de los jueces se mostrò sorprendido y comentò que, si bien sabìan que en California se estaban haciendo buenos vinos, nunca hubieran imaginado tal nivel.

Si bien la historia apareciò en la pàgina 58 de la revista Time en Nueva York, tuvo de todas formas un impacto relevante, ya que muchas vinerìas de la ciudad, dedicadas casi pura y exclusivamente a los vinos europeos, mayoritariamente franceses, abrieron sus gòndolas para los vinos de su propio paìs. Al mismo tiempo, muchos de los 20 millones de lectores de la revista se mostraron intrigados y se volcaron al consumo local. Dejo a continuaciòn la mejor imagen que pude encontrar de la nota.

Para ir cerrando, dejo el ranking completo de los vinos presentados en el Juicio de Parìs.

Por ùltimo, y como anècdota independiente al Juicio de Parìs pero fiel reflejo de la burocracia francesa, en una oportunidad Spurrier estuvo a cargo de brindar los vinos para una cena protocolar entre la Reina Isabel II y el presidente George Pompidou. Decidiò servir un vino inglès, de un amigo suyo. Pasarlos por la aduana fue sumamente difìcil, ya que en la misma le dijeron que el vino inglès no existìa. Con la presencia de la botella a la vista Spurrier refutò tal afirmaciòn, pero lo que le aclararon en la aduana es que en la lista de productos que podìan venir de Inglaterra no estaba el vino, por lo tanto, el vino inglès no existìa. Para resumir el vino pasò la aduana y todo se desarrollò con normalidad, pero vale la pena mencionar esta historia de los maestros de la burocracia.