La Filoxera, el bicho que cambiò la historia del vino

La Filoxera, el bicho que cambiò la historia del vino

Hace unos meses mientras buscaba El Origen de las Especies de Charles Darwin (libro pesado como sopa de chumbos) en Internet, el algoritmo de turno me sugiriò el libro “Phylloxera, How wine was saved for the world” (Filoxera, còmo el vino fue salvado para el mundo) de Chistry Campbell por poco menos de 12 euros. Lo comprè dudando seriamente si alguna vez lo terminarìa, ya que las chances de que fuera legible parecìan pocas.

Lo terminè esta semana y debo confesar que es un libro increìble por la historia en sì misma y tambièn por còmo està contado, en clave de novela, dividièndose en tres capìtulos llamados “Negaciòn”, “Rabia” y “Aceptaciòn”. Tres procesos por los que todos pasamos muchas veces durante nuestra vida con algunos problemas, y que tambièn pasò Francia hacia fines del s. XIX con respecto al vino.

En este artìculo les voy a contar un poco del libro y por lo tanto, de nuestro diminuto enemigo.

Empecemos por lo màs bàsico, ¿què es la Filoxera? Tècnicamente este nombre refiere a una familia de insectos, pero para comodidad nos vamos a referir a este insecto en particular con el nombre de la familia. Se trata de un insecto casi imperceptible al ojo desnudo que ataca las raìces de determinadas variedades de viña y la lleva a su inevitable muerte. Tuvo muchos nombres a lo largo de la historia, pero se hizo popular bajo el seudònimo de Phylloxera vastatrix, que se podrìa traducir como “devastador de las hojas secas”, o “devastador de las vides”. Actualmente se la conoce como Darktulosphaira vitifoliae (en ciertas bibilografìas aparece como Dartulosphaira), un nombre mucho màs aburrido.

Decir que este pequeño insecto estuvo a punto de borrar de la faz de la Tierra la mayorìa de los viñedos del mundo està lejos de ser una exageraciòn. De cierta forma incluso, fue asì. De los viñedos existentes a mediados del s. XIX no queda nada (salvo excepciones que veremos despuès). Este insecto existiò siempre, entonces, ¿còmo fue que destrozò todo en Europa a fines del s. XIX?

Fàcil, intentando solucionar otro problema. Antes de la dècada de 1860, Europa tenìa una invasiòn de Oìdio, un hongo que ataca el follaje de la vid y merma la cosecha de forma considerable. Buscando soluciones, alguien pensò que importando vides de Norteamèrica, se podrìa solucionar. Aquì hago un parèntesis para recordar que las vides europeas y las americanas son de especies distintas, de hecho hay màs de 60 especies diferentes de vides, por lo tanto, con caracterìsticas distintas.

Quienes comenzaron a probar con las vides americanas fueron algunos botanistas ingleses, que demoraron bastante en darse cuenta que las vides europeas circundantes comenzaban a morir sin soluciòn alguna. No pasò mucho tiempo para que algunas plantas americanas terminaran en Francia, màs especìficamente en la zona de Midi (sur de Francia). Un tal Monsieur Borty pasarìa a la historia como el primero en plantar vides infectadas en 1862 junto a vides europeas sanas. Debajo les dejo un mapa que muestra el avance de la Filoxera en Francia. El mismo lo obtuve del blog de James Hook.

No era la primera vez que se traìan plantas de Amèrica a Europa, entonces por què ahora surgìa esta catàstrofe. Por el avance de la tecnologìa. Los viajes en barco antes eran a vela y durante los meses de la travesìa, si habìa algùn insecto infectando las raìces, morìa. En ese momento con los viajes en barco a vapor, un par de semanas separaban el nuevo del Viejo Mundo, y durante ese perìodo el diminuto invasor podìa soportar el viaje.

Dos años despuès, en 1864, Monsieur Bordy comenzò a ver como sus cultivos de Garnacha y Alicante morìan mientras que las vides americanas estaban mejor que nunca. Un año despuès, del otro lado del rìo Rhone, otros cultivos comenzaron a enfermarse. Para 1867 ya se corrìa el rumor en Parìs de una extraña enfermedad y llegaba a las pàginas de Le Journal d’agriculture pratique. “No diferencia entre viñas jòvenes o viejas, o entre tipos de suelo”. La enfermedad misteriosa no perdonaba y seguìa expandièndose.

Por supuesto que no faltò quien considerara lo que estaba sucediendo como un castigo divino por los pecados cometidos. En esos años las procesiones con incienso alrededor y dentro de los viñedos y la instalaciòn de reliquias e iglesias se hizo bastante comùn, pero el milagro no llegaba. De hecho esta es la explicaciòn a la presencia de cruces en algunos viñedos.

En 1868 aparece el hèroe de esta historia. Jules Èmile Planchon fue un botànico (ademàs de farmacèutico) francès clave en la lucha y derrota de la Filoxera en Europa. Hoy en la ciudad de Montpellier podemos encontrar un monumento en su honor. Ese año comenzò a estudiar los viñedos infectados, buscando entre las vides muertas, hasta encontrar pequeños puntos amarillos. Lupa en mano descubriò al devastador de la vid.

Podrìa entrar en detalles de los estudios que se hizo sobre el ciclo de vida del insecto y demàs, pero no hacen a la historia principal. Lo que sì vale la pena destacar, es que se descubriò que la tasa de reproducciòn o nacimiento era tal, que se podìa calcular que el nùmero progresivo de individuos provenientes de una sola hembra, tenìa la siguiente proyecciòn: comenzando con una puesta de 20 huevos en el mes de marzo, habrìa 400 individuos en abril, 4.000 en mayo, 8.000 en junio, 160.000 en junio, 3.200.000 en julio, 64.000.000 en agosto, 1.280.000.000 en setiembre y 25.600.000.000 en octubre. Sì, 25 mil seiscientos millones de individuos. De hecho, considerando aùn que cada bicho pesa 0,1 gramos, la poblaciòn total en una hectàrea con tan sòlo 5 hembras al final del ciclo pesarìa màs que la propia cosecha.

En 1870 se crea la Comisiòn sobre la Phyllioxera, que entre sus primeras medidas anunciò una competencia pùblica con un premio de veinte mil francos en oro para quièn apareciera con una soluciòn al problema. No sòlo no serìa tan simple, sino que la cantidad y calidad de soluciones propuestas son una delicia de la creatividad humana, donde algunas personas consideraron (y ensayaron) que huesos humanos picados, orina, combustible, sangre y otras asquerosidades, junto con productos quìmicos que mataban al insecto y a todo lo que estaba vivo en metros a la redonda (reitero que estoy escribiendo sobre 1870, no sobre 2019 y plaguicidas que matan abejas, aves, mamìferos y seres humanos, eso serìa descabellado que sucediera hoy en dìa) eran la soluciòn.

Tras una larga investigaciòn, M. Planchon llega al viñedo de M. Borty y comprende que està ante el foco de la infecciòn. Al saber de la llegada de las plantas americanas casi diez años antes, se convence que es del Nuevo Mundo de dònde proviene la plaga. No muchos estàn de acuerdo con èl y son varios quienes buscan otras explicaciones. Tan convencido estaba M. Planchon que decide ir a Estados Unidos en bùsqueda del origen de la Filoxera, pero faltarìa un poco para eso.

Mientras tanto en algunas zonas de Francia se tiraba agua bendita de la fuente de Lourdes entre las vides para espantar al demonio que las acechaba.

En 1872, durante el congreso de viticultura en Lyon, tomò la palabra otro conocido de la historia del vino, el señor Louis Pasteur, proponiendo que si se conseguìa infectar a las hembras con una enfermedad trasmisible a las futuras generaciones (esta idea no tuvo ningùn èxito). En el mismo congreso se propuso encontrar un depredador natural del insecto y soltarlo en las vides. De hecho, habìa registros de una especie de Filoxera canìbal en Estados Unidos, pero no se habìa podido aùn conseguir que sobreviviera el viaje hasta Europa.

Mientras tanto, la bùsqueda del premio continuaba y algunos creìan que el uso del tè era un buen remedio. Otros con un poco màs de ciencia detràs, usaban el sulfito directamente en la tierra para matar a la Filoxera, y si bien los ensayos eran prometedores, era muy caro poder hacerlo a gran escala.

Otra soluciòn que se buscò fue inundar los campos durante el invierno. Màs allà que para los viñedos en pendiente es imposible, parece ser poco pràctico. Asì y todo, en algunas zonas se llevò adelante y se crearon canales especialmente para ello.

En el año 1873 Planchon viaja a Estados Unidos para encontrar una soluciòn. En resumidas cuentas descubre que algunas especies de vid son inmunes al ataque de la Filoxera. Mientras tanto en Francia, un fulano vendìa una pasta anti Filoxera cuyo ingrediente principal era orina humana disecada a 36 francos los 100 kilos. Los chistes son tan fàciles que ni valen la pena.

En 1874 la plaga habìa llegado a Beaujolais y aparecen los primeros brotes en España y Alemania. Al año siguiente Planchon publica un artìculo sobre la resistencia de la vid americana a la Filoxera, mientras que el sulfito se comienza a usar cada vez màs. Hungrìa y Australia reportan los primeros casos.

Mientras tanto otras mentes brillantes en bùsqueda del premio inventaron un guante (como un guante de cocina) cubierto por una malla de metal con el que el bodeguero debìa frotar la vid para eliminar los insectos.

En 1879 la Filoxera llega a la regiòn de Jura, al oeste de Francia. Donde había 20.000 hectàreas y 42 variedades plantadas, ahora hay 2.000 hectàreas y cinco variedades que dan vinos maravillosos, otra prueba màs que la Filoxera ayudò a dibujar el mapa del vino francès actual.

Planchon vio en la vid americana la salvaciòn, pero en un principio pensò en sustituir las variedades francesas por las del Nuevo Mundo. Entonces hizo una serie de degustaciones en Estados Unidos con resultados poco prometedores en lo que a gusto se refiere.

Recièn empezada la dècada de 1880 los “americanistas” vencieron a los “sulfuristas” y los bodegueros se convencieran (o al menos entendieran que no quedaba otra) que comenzar a injertar sus vides a las raìces americanas (ya la idea de sustituciòn dejò lado a la de injertar una especie en la otra). Se probò ademàs la opciòn de utilizar viñas asiàticas y africanas. Ninguna dio los resultados esperados.

De todas formas, el convencimiento no era absoluto, ya que las degustaciones aùn no convencìan a los productores. Los vinos que se podìan degustar en ese momento eran de plantas injertadas hacìa pocos años, por lo que los resultados no eran concluyentes.

La devastaciòn causada por la Filoxera no sòlo se veìa en el viñedo, sino tambièn en su valor. Los viñedos valìan hasta seis veces menos, los puestos de trabajo eran cada vez menos y las ciudades que dependìan del vino para su supervivencia se iban convirtiendo en pueblos fantasmas. Ademàs una consecuencia extra es que comenzò a faltar vino para cumplir con la demanda, por lo que las importaciones de vino desde España y Portugal aumentaron considerablemente. Al mismo tiempo se empezò a fabricar algo parecido al vino con uvas pasas importadas de Argelia. Este “fraude” quedò al descubierto cuando la importaciòn de pasas de uvas pasò de 300.000 toneladas en 1878 a medio millòn cinco años màs tarde sin que la demanda de dicho producto pareciera aumentar.

Para 1886 era tal el convencimiento de la necesidad de realizar injertos de la vid europea en la raìz de la vid americana, que el gobierno francès dio ayudas econòmicas para ello. De todas formas aùn habìa detractores que creìan que el vino nunca volverìa a ser igual una vez que se llevaran adelante estos injertos.

En 1890 la plaga llega a la norteña Champagne, que tuvo años para prepararse. La superficie de viñedo se redujo a un quinto de lo original y la densidad por hectàrea bajò de 50.000 plantas a 8.000. Las uvas no cambiaron tanto y se tuvo que esperar hasta la dècada del 30 con la creaciòn de las AOC para tener el mapa de Champagne que tenemos hoy, con siete uvas permitidas.

La soluciòn no fue inmediata, la respuesta de la raìz americana a los diferentes suelos de Francia variaba de regiòn en regiòn, pero se siguiò adelante con èxito. Para 1895, 663.000 hectàreas habìan sido replantadas de un total de 1.748.000. Al mismo tiempo se dio la selecciòn de uvas para cada regiòn, abandonando algunas històricas y adoptando algunas nuevas, en algunos casos por los resultados que se veìa al plantar los injertos, en otro quizàs por gusto de la regiòn. Algunas regiones que tenìan el vino tinto como insignia, ahora son reconocidos por su vino blanco, ejemplo Sancerre, antes dominada por el Pinot Noir y ahora cuna de algunos de los mejores Sauvignon Blanc del mundo.

Al final, el devastador de la vid habìa sido controlado. ¿Pero què sucediò con el premio? Muchos lo reclamaron diciendo que habìan sido los primeros que propusieron el injerto como soluciòn, pero algunos de ellos lo hicieron por otros motivos y no para controlar la plaga. Algunos sugerìan que el hèroe habìa sido Planchon, pero no podìa reclamar el premio ya que muriò en 1888. Como les comentè, se erigiò un monumento en su honor con la placa “A Planchon, los viticulores lo reconocen.”

Pero como buen villano, no serìa el fin de la Filoxera. En 1988 veinte viñedos en Sonoma y Napa, California, mostraron infecciones. Al año siguiente se formò la “Phylloxera Task Force” (nombre màs norteamericano imposible) que llegò a la conclusiòn que el clon que estaban usando no era inmune a la Filoxera, y ademàs que esta ùltima habìa evolucionado.

La ciencia volviò a poner a la Filoxera en su lugar (la explicaciòn es larga e incluye modificaciones genèticas, satèlites, estudios de ADN y demàs). Pero como todo en la naturaleza, la Filoxera encontrò su rumbo y reapareciò en Nueva Zelanda, Australia y nuevamente California a principios de este siglo.

Chile es el ùnico paìs del mundo libre de Filoxera con vides “originales”. Esto se debe a varios factores, primero al “aislamiento” que tiene con la cordillera de un lado, el ocèano del otro, el desierto al norte y el frìo al sur. Ademàs se tienen severos controles aduaneros para evitar cualquier riesgo.

Para ilustrar este artìculo, elegì una caricatura de la revista britànica Punch, un semanario de sàtira y humor creado en 1841 y desaparecido (tras varias idas y vueltas) en 2002. El dibujo es del año 1890 y el pie del mismo era “The Phylloxera, a true gourmet, finds out the best vineyards and attaches itself to the best wines”. “La Filoxera, un verdadero gourmet, encuentra nuestros mejores viñedos y se adhiere a los mejores vinos”.