Un vino que grita amor por todos lados. Amor por alguien más, por uno mismo y claramente desde la bodega, amor por lo que se hace.
Las uvas se dejan sobremadurar en la planta para que al proceder al prensado la concentración natural de azúcar y otros componentes sea mayor. Por ello vamos a tener en la copa aromas cerezas al marraschino, moras maduras, mermelada de arándano… su paso en barrica agrega a la orquesta los sonidos de madera, chocolate, café y especias.
En boca obviamente es dulce, pero la acidez y los taninos no permiten que nos empalaguemos.
Para cerrar una gran noche acompañado de una selva negra, una brochette de frutos rojos caramelizados o unas frutillas con chocolate.
