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Galera y bastón para hablar de este vino. Un blend tanto de uvas como de terroirs que cambia año a año para mantener la calidad sobresaliente que este vino brinda desde 1992.

En el caso del 2018 que fue el último que probé, la columna vertebral era el Tannat con más de la mitad de la composición, seguido por el Cabernet Sauvignon, el Merlot, Petit Verdot y unas pizcas de Marselán y Cabernet Franc.

24 meses en barrica y 3 años en botella para que al salir al mercado ya exprese su potencial, el cual alcanzará varios años después de la compra.

En nariz nos lleva a una escena de un club de New York donde la gente está sobre sillones de cuero tomando café y leyendo el periódico. Se suma el aroma de algunas pipas y dejos de mermelada de higos y ciruelas que pasan en bandejas de plata. Alguien claramente lleva un perfume delicado sobre una base de especias.

En boca tenemos todo ello e incluso más, en capas que vamos descubriendo a cada segundo. El sabor se queda en boca agarrado como una buena noticia que viene de lejos.

A comer con un beef a la Wellignton. Si pueden, olviden la botella unos años en la cava. Cuando la abran hablará en voz más baja pero tendrá más cosas para decir.

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