Este es un vino por el que tengo un profundo aprecio. Mi vino favorito en su momento de la bodega que me abrió la puerta en este mundo tan lindo. Un vino además que demuestra lo importante de adaptarse.
Quienes recuerdan las primeras añadas de la década pasada, se acordarán de aquel vino casi que cremoso. Mucha madera (para mí bien usada) que nos transportaba directo a una confitería. Manteca, crema, coco, vainilla. Casi que se precisaba una cuchara para tomarlo.
Pero hoy en día los consumidores piden otra cosa, piden vinos más frescos y menos amaderados. Por ello Los Cerros hoy usa tan solo un 30% de barrica para dar un toque de complejidad al vino pero poniendo como protagonistas a los aromas frutales.
Frutas blancas maduras como pera, manzana, ciruelas y duraznos blancos, con un leve fondo de banana. Hay dejos de vainilla y tostado, pero aparecen como actores de reparto en esta emocionante obra. En boca mantiene los sabores prometidos e impacta por su largo final de duraznos tostados con vainilla.
Este Chardonnay irá genial con un pescado a la plancha, un pollo al horno con boniatos, ananás rostizadas o con unos patacones. También y lo recomiendo profundamente, con un pop casero hecho con manteca en vez de con aceite, mezclado con durazno seco o abrillantado.
