Muchas veces reservamos los espumosos, especialmente aquellos relativamente premium, para los días festivos. Fin de año, Navidad, cumpleaños, aniversarios, etc. Pero la realidad es que podemos disfrutarlo para festejar cualquier evento, especialmente las pequeñas victorias. En este caso lo recomiendo para el cambio de año, pero reitero, acompañará cualquier evento determinante en nuestro año.
Uno de los pocos espumosos de añada (si no el único) del Uruguay. ¿Qué significa esto? Que en vez de ser una mezcla de añadas como el 99% de los espumosos del mercado, por ello este tipo de espumosos no se produce todos los años.
Vayamos al vino. 70% Chardonnay y 30% Pinot Noir. Es un brut nature, la categoría de espumosos más seca que podemos encontrar. Aromas a peras, manzanas, durazno y hasta ananá si el año fue lo suficientemente cálido. El Pinot Noir aporta frutas rojas pequeñas y frescas. La elaboración y los 36 meses que pasa sobre sus lías nos transportan a una panadería: brioche, pan tostado, levadura. Si lo esperamos unos años empezaremos a ganar en complejidad, con notas de miel y frutas abrillantadas.
Un gran espumoso nacional que me tienta a decir que es el mejor. Para disfrutarlo plenamente, eviten las copas flauta (para este y cualquier espumoso). Estas copas sólo sirven para ver la burbuja, pero nos aniquila los aromas y sabores. Copas de vino blanco o tinto incluso. Pueden ser de vidrio (como las que yo tengo para el cotidiano), pero busquen que sean lo más finas posibles y que los bordes no sean muy gruesos.
Los maridajes de los espumosos son muy amplios, pero este irá perfecto con unas mollejas a la parrilla, comida griega y postres con base cremosa y de frutas blancas. También con una pizza cuatro quesos.
