Uno de los grandes Albariños del Uruguay que nos presenta una sinfonía de frutas blancas como durazno blanco, pera y manzana, junto con tonos más tropicales como la banana y papaya, seguidos por notas cítricas de pomelo y mandarina. Luego de unos segundos más cítricos se suman a la nariz, especialmente cáscara de limón y lima.
Pero no nos quedemos allí. Siguen apareciendo aromas, esta vez a flores blancas y notas minerales que nos llevan a las sierras.
En boca se nota especialmente esa mineralidad casi secante, con sabores a frutas blancas y notas de cítricos. Siento un dejo de tiza al final cada vez que pruebo este vino.
Va muy bien con un camembert al horno con miel y damascos o unos tacos de pescado.
